Los pobladores no abrigan esperanzas
En una visita a la capital salteña, Felipe Carballo, diputado por Montevideo y dirigente de Compromiso Frenteamplista, dijo que "lo importante es que ya se adjudicó la licitación y la empresa va a trasladarse hasta Belén y Pepe Núñez para iniciar las primeras exploraciones".
Desde que Ancap anunció los trabajos de detección de hidrocarburos en el pueblo, los habitantes de Pepe Núñez -que no son más de 100- se encomendaron a Dios y se sumaron a las plegarias del padre "Yiyo" cuando, de tanto en tanto, se da una vuelta para celebrar misa y a animar a esa descreída población que, con el correr de los años, se reduce por la migración de familias enteras.
El pueblo está a 180 kilómetros al Este de la capital de Salto y a 85 kilómetros del microcentro de Tacuarembó. Los vecinos no tienen ómnibus, ni energía eléctrica, tampoco un programa de viviendas del Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (Mevir).
Explicó que una de sus hijas, de 19 años, trabaja de marzo a diciembre en la escuela del pueblo, "gana $ 2.000 por mes, pero eso no es futuro y mientras Mevir no construya viviendas vamos a vivir peor porque no llegará la luz, ni el ómnibus".
En el medio de la nada y alejados a 19 kilómetros de la ruta 31 para salir a las capitales de Salto o Tacuarembó, la mayoría de la gente es indiferente a lo que pueda suceder con las excavaciones por petróleo.
En cuanto a la atención de la salud: dos veces al mes concurre un médico general, una pediatra y una partera.
Guillermo Fallietti (74) es alambrador y fue peón de estancias hasta hace muy poco. A él no le importa mucho lo que pueda pasar con los ensayos que va a realizar Ancap a pocos metros de su casa. "De repente nos dan una mano porque la cosa viene fea, hasta hace poco éramos unas 40 familias y ahora no pasamos las 20; estamos quedando solo los viejos", dijo.
Hay solo una infraestructura que sobresale en Pueblo Núñez a su ingreso: la capilla de la Iglesia Católica. Cada mes o 45 días llega el padre "Yiyo" en su moto para efectuar una misa. La enfermera dijo que el padre "siempre está con su palabra de aliento y repitiendo: no desesperen, ya va a llegar, tengan paciencia, Dios aprieta pero no ahorca, sigan luchando que vamos a salir adelante".