domingo, 13 de abril de 2014

Duelo entre una ciudad y una represa

¿Salvar una central hidroeléctrica o una ciudad? En el otoño de 1959 esta opción de hierro se decantó a favor de la central hidroeléctrica. Al final ambos, la represa de Rincón del Bonete y la ciudad de Paso de los Toros, sufrieron daños enormes.

Esta ciudad ha sabido ganarse reconocimiento mundial, siempre por esfuerzos, con algunas ayudas externas, pero resurgiendo de sus cenizas como el ave Fénix.
Compilacion de fotos históricas en las que se destaca el período de inundaciones de 1959.
La represa y la sala de generadores (izquierda). El puente (primer plano) se derrumbó.

Las inundaciones de 1959 fueron las más devastadoras de la historia uruguaya; provocaron acontecimientos dramáticos y grandes perjuicios, en parte por errores de cálculo en el manejo de la represa de Rincón del Bonete.
Llovió casi sin cesar entre el 24 de marzo y el 23 de abril. Es fama que un relator de la Vuelta Ciclista dijo al principio de las cosas: "Se inició una lluviecita pasajera". Aún hoy en Paso de los Toros, cuando comienza a llover, se repite como broma: "Se inició una lluviecita pasajera, dijo uno, y llovió 40 días".
Las poblaciones situadas sobre los grandes ríos, como el Uruguay, el Negro o el Yi, padecieron fuertes inundaciones. Muchas localidades quedaron aisladas. El lago artificial de Rincón del Bonete se hinchó como nunca antes. Durante muchos días las autoridades de UTE resolvieron no abrir las compuertas de la presa y retener el enorme caudal de agua para no afectar las obras de la represa de Rincón de Baygorria, que desde 1956 se construía a 88 kilómetros aguas abajo.

Miedos


Cuando las compuertas fueron abiertas ya era tarde: llovía más allá de cualquier cálculo y la cota del embalse continuó aumentando. Si las aguas del gran lago sobrepasaban la represa, se arruinaría la sala de máquinas con sus cuatro enormes generadores eléctricos. Y había pánico. ¿Qué sucedería si el dique de 1.170 metros de largo y hasta 50 de alto cedía ante la presión del agua? La fuga del lago de 1.200 km2, más del doble de la superficie del departamento de Montevideo, arrasaría con Paso de los Toros, ubicada pocos kilómetros río abajo, y luego con Mercedes.
El ingeniero alemán Adolf Ludin, entonces de 79 años, quién había diseñado la represa, afirmó que no cedería. "Bonete es una roca", aseguró, y preguntó a un periodista, mientras gesticulaba: "¿Usted poder romper cabeza con el dedo?".
 
Los alemanes saben de represas, incluso de cómo se destruyen y de las consecuencias. En mayo de 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, aviones de la Royal Air Force, utilizando bombas especiales, derrumbaron los diques de Möhne y Eder, en la cuenca del río Ruhr, en el oeste de Alemania. Murieron 1.700 personas y se destruyeron un centenar de fábricas de armas y varias poblaciones.
De todos modos, para aliviar la presión sobre el muro del Rincón del Bonete y evitar que las aguas lo sobrepasaran, se resolvió destruir parte de un terraplén de contención lateral, en la margen derecha del río, a poca distancia de la represa. En el diseño inicial se había previsto instalar compuertas de desagüe en ese sector. Pero luego, para bajar los costos, se terminó haciendo un simple parapeto ciego de rocas y balasto, sobre el que se construyó una carretera.
Derribar el terraplén lateral desviaría parte de las aguas por el costado de la represa y disminuiría el nivel del lago. Tal vez se salvara la sala de máquinas con sus cuatro grandes generadores eléctricos, pero a cambio se inundaría buena parte de la ciudad de Paso de los Toros.

Evacuación


En la noche del 17 de abril soldados del Ejército recorrieron Paso de los Toros e informaron a sus moradores que debían abandonarla al día siguiente. Se vaciaron tiendas, farmacias, bancos, iglesias y depósitos. Entre las nueve de la mañana y las cuatro de la tarde del sábado 18 la ciudad de 10.000 habitantes quedó desierta. Miles de personas huyeron por sus propios medios en tanto los restantes fueron evacuados por ferrocarril.
Millares de personas con equipaje básico fueron alojadas durante varios días en vagones detenidos en estación Chamberlain, un caserío 15 kilómetros al norte de Paso de los Toros; en campamentos al costado de la ruta 5 o en estancias de la zona; y casi 5.000 se trasladaron a Montevideo.
El líder de la operación fue el general Enrique Magnani, jefe del Estado Mayor del Ejército, secundado en el terreno por los entonces coroneles Líber Seregni y Andrés Gómez.

Señoritas


"En Chamberlain hubo que decretar un toque de queda porque comenzaron a abundar las denuncias de las señoritas por acoso sexual", contó Seregni en una entrevista publicada en 2000 en el suplemento Fin de Semana de El Observador. "Se hacían ollas comunes y se imprimieron bonos de alimentación. Se inventó un sistema médico y hasta se instaló una pantalla de cine para que la gente no se aburriera".
Al día siguiente, domingo 19 de abril, especialistas civiles y militares hicieron volar con 456 kilos de dinamita el terraplén lateral de la represa.
Una enorme masa de agua pasó por el boquete, horadó los campos y se metió de nuevo en el río Negro algunos kilómetros más abajo. E inundó buena parte de Paso de los Toros, una ciudad ya vacía y silenciosa; y tres días después anegó parte de Mercedes.
Sin embargo las aguas del lago siguieron creciendo. Su enorme cuenca, incapaz de absorber nada, escurría. Y seguía lloviendo.
El lunes 20 las aguas sobrepasaron el gran dique de Rincón del Bonete, inundaron la sala de generadores y dañaron transformadores y otras instalaciones. La gran sala, de 109 metros por 36, ubicado a un costado y por debajo del dique, había sido diseñada por el arquitecto Julio Vilamajó. Su fachada recuerda claramente la de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, en Montevideo, una obra posterior del mismo arquitecto.
Durante una semana el lago desbordó por sobre el dique y por el agujero en el terraplén hasta que, ya sin lluvias, la masa de agua se redujo.

Regreso



A partir del 1º de mayo los habitantes de Paso de los Toros comenzaron a regresar a sus hogares de manera gradual, según la bajante. Entonces hallaron paredes descascaradas, muebles descolados y arruinados, barro por todos lados y animales muertos.
El 4 de mayo el líder de la revolución cubana, Fidel Castro, entonces un joven de 32 años que había tomado el poder el 1° de enero anterior y visitaba Uruguay, estuvo en Chamberlain, donde aún permanecían muchos evacuados viviendo en vagones estacionados en vías muertas o a campo abierto. Luego sobrevoló en helicóptero el lago del Bonete y recorrió el dique de la central guiado por el general Magnani.
Los barrios de Montevideo comenzaron a sufrir apagones programados y rotativos. La central de Rincón del Bonete, reparada y con muros más altos, según lo indicaba el diseño original, comenzó a suministrar energía eléctrica en forma gradual un año después.


El robo de la piedra fundamental



La central hidroeléctrica de Rincón del Bonete, llamada luego Gabriel Terra, una enorme estructura en el río Negro, fue diseñada entre 1930 y 1933 por el ingeniero alemán Adolf Ludin, y construida luego por un consorcio liderado por la germana Siemens.
La piedra fundamental fue colocada en el centro de la cercana ciudad de Paso de los Toros el 18 de mayo de 1937. Se leyó un telegrama de felicitaciones del canciller alemán, Adolf Hitler, y se escuchó un discurso grabado del presidente Gabriel Terra, quien había dado un golpe de Estado en marzo de 1933 y no concurrió (se presume que por temor a un atentado como el que sufrió en 1935 en el Hipódromo de Maroñas). Esa noche la piedra fundamental, que tenía una efigie de Terra, fue robada y jamás apareció. Se supone que fue arrojada al río por opositores políticos.
Técnicos alemanes dirigieron la construcción de la gran estructura de hierro y hormigón en un paraje desértico entre 1937 y 1942, cuando fueron expulsados del país durante Segunda Guerra Mundial.
Las turbinas generadoras alemanas tipo Kaplan nunca llegaron, detenidas por el bloqueo marítimo de Gran Bretaña contra Alemania. Permanecieron en un puerto español y más tarde se instalaron en una represa de Austria. Los sistemas eléctricos fueron suministrados por las firmas estadounidenses General Electric y Westinghouse e instalados por técnicos uruguayos. La primera de las cuatro unidades generadoras se puso en marcha el 21 de diciembre de 1945 y la cuarta el 24 de diciembre de 1948.
Rincón del Bonete cambió la matriz energética nacional, que dependió menos del carbón o del petróleo quemado por las centrales térmicas. También administra las aguas que utilizarían otras dos represas que se instalaron aguas abajo: la de Rincón de Baygorria (inaugurada en 1960) y Constitución o Palmar (puesta en marcha en 1980-1982).
Entre 1994 y 1997 los equipos generadores de electricidad de Rincón del Bonete fueron totalmente renovados por un consorcio encabezado por la firma anglo francesa Gec Alsthom-Neyrpic.

Miguel Arregui13 abr 2014

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